La tradición culinaria que perdura en una esquina de Tijuana
Tijuana, BC.- En la intersección de Séptima y Madero, en el corazón de la ciudad, se encuentra un rincón que ha desafiado el paso de los años. Aquí surgió Ricardo’s en 1965, cuando Ricardo Martínez y Delia Apodaca, recién llegados de Mazatlán, optaron por establecerse en esta urbe en lugar de emigrar al otro lado de la frontera, como originalmente planeaban.
En aquel entonces, Tijuana presentaba un rostro diferente, aunque conservaba su esencia dinámica. La ciudad mantenía su ritmo acelerado y transformador, pero con menos congestión vehicular y mayor amplitud.
‘Era habitual asistir al cine y luego degustar una torta. O viceversa. Las de chile relleno o lomo eran las favoritas’, rememora Alberto Andréi Ungar Martínez, descendiente de los fundadores. ‘Nuestro negocio formaba parte de la cotidianidad urbana.’
Ricardo aportaba las ideas, mientras que Delia las materializaba. Esta distribución implícita de funciones resultó fundamental para el crecimiento del establecimiento. Según sus nietos, ella estableció los principios: dedicación, servicio al cliente y perseverancia. No hubo caminos fáciles.
Con el transcurso del tiempo, se incorporaron los hijos y posteriormente los nietos. En la década de los noventa llegó una transformación: se diversificó la oferta gastronómica y se modificó la denominación. El local dejó de especializarse exclusivamente en tortas, incorporando cortes y nuevos platos. La ciudad evolucionaba y Ricardo’s supo ajustarse.
Actualmente, el negocio permanece bajo el control de la misma familia. Cuenta con tres locales, cuatro hijos de los fundadores en la dirección y una tercera generación que comienza a participar. Durante la crisis sanitaria, suspendieron actividades pero mantuvieron a su equipo. Implementaron turnos rotativos y aprovecharon el periodo para renovaciones. En ese mismo lapso fallecieron los fundadores, con once meses de diferencia.
Foto: Abdiel Ortega
Después de más de sesenta años, Ricardo’s persiste en su ubicación original. En una metrópoli donde pocas cosas perduran, la esquina de Séptima y Madero preserva un fragmento de aquella Tijuana que ya solo existe en el recuerdo.

